antojos de comida

Estás comprometido a realizar una dieta cetogénica. Preparas tus comidas. Cuentas los macronutrientes. No importa cuán disciplinado seas en tu nutrición, es probable que hayas tenido que luchar contra algunos antojos. Algunas personas prefieren dulces, otras algo salado. ¿Qué produce los antojos? ¿Y por qué no nos podemos resistir fácilmente?

Empecemos hablando de Pavlov. Capaz que no estés familiarizado con el famoso fisiólogo que es mayormente reconocido por su trabajo en el condicionamiento del comportamiento. Durante 1890, Pavlov estudió la salivación de los perros en respuesta a la alimentación. Notó que los perros comenzaban a salivar cuando entraba a la habitación, aunque no trajera comida. Por lo tanto, determinó que la salivación de los perros podía ser provocada por una acción que asociaban con la alimentación, además del alimento en sí. Este comportamiento aprendido se conoce ahora como condicionamiento.

Los humanos no son tan diferentes. Normalmente nos sentimos bien al ingerir algún alimento. Nuestro cerebro almacena este sentimiento como un recuerdo y lo vincula a los alimentos que lo acompañan. Cuando tienes un antojo, el centro de recompensas de tu cerebro se activa. Le recuerda a la memoria los sentimientos positivos asociados con la comida y los presenta como una solución. Este condicionamiento es especialmente evidente cuando uno tiene estrés.

Debido a la asociación de la recompensa del cerebro con la comida, los antojos suelen producirse para satisfacer necesidades emocionales, como para calmar el estrés. Por ejemplo, los carbohidratos, los azúcares y las grasas no saludables elevan los niveles de la hormona serotonina, creando un efecto calmante. De ahí el término "comida reconfortante".

Desafortunadamente, los llamados alimentos reconfortantes hacen más daño de la satisfacción temporal que dan. La comida chatarra, como las hamburguesas con queso y el helado, contienen ácido palmítico, un ácido graso que le dice a tu cuerpo que ignores las señales que suprimen el apetito. Es por eso que sientes que puedes seguir comiendo, comiendo y comiendo.

Pero el cerebro no se detiene ahí. El hipotálamo desempeña un papel clave en la regulación de la ingesta de comida y el peso corporal. Ciertas sustancias químicas del cerebro tienen una influencia profunda en las emociones, lo cual puede afectar la razón por la cual comemos y cuándo lo hacemos. Por último, la hormona leptina es un factor innegable. La leptina es una hormona que emite señales al cerebro para controlar la alimentación. Los niveles de leptina se determinan por la ración de células grasas en el cuerpo respecto a la cantidad de energía almacenada. Los niveles bajos provocan el apetito, mientras que los niveles normales parecen casi reducir las ansias de comer.

Entonces, si tu cerebro tiene la culpa de todo esto, ¿hay esperanza de resistir los antojos? La verdad es que una dieta equilibrada es la mejor defensa. Ingiere abundante proteína y fibra para mantenerte satisfecho, ten a mano bocadillos nutritivos y evita consumir alimentos procesados, comida rápida y comida chatarra. Entrenar tu cerebro para asociar estos alimentos con la recompensa de sentirte lleno, satisfecho y saludable, así como para rechazar las opciones poco saludables, te ayudará a ser menos vulnerable.