Corey Binfet, finalista de la Revolución de 60 días, comparte su conexión personal con la Concientización sobre el Cáncer de Mama.

Esta historia es en conmemoración de la madre de Corey.

Durante mi infancia y adolescencia, mi familia ha tenido sus altibajos. Mi madre siempre trabajó para mantener a nuestra familia. Ella siempre hizo lo mejor que pudo para criarnos y siempre se esforzó por mantener unida y contenta a nuestra familia. Luego, nuestra vida como familia cambió drásticamente para siempre cuando mi madre fue diagnosticada con cáncer de mama en diciembre de 1993.

Para intentar lidiar con eso, elegí encerrarme en mí mismo. Sentía que si me escondía del mundo, el problema desaparecería. Esto sucedió a principios de los años 90 y los exámenes preventivos no eran tan comunes como los son actualmente. De todos modos, ella debe haber presentido que algo estaba mal porque consultó con un médico para que la examinaran.

"Como adolescente de 13 años con las hormonas revolucionadas, realmente no tenía idea de cómo manejar muchas cuestiones, ¡ni qué decir de algo como esto!'

A mi madre la diagnosticaron antes de esa navidad y se negó a contarle todos porque le preocupaba que empañaría las fiestas y nuestro momento en familia. Estábamos estupefactos en cuanto a lo que debíamos hacer, aunque sabíamos que no podíamos hacer nada. Sin embargo, intentamos mantener un pensamiento positivo porque ella nos decía una y otra vez "voy a vencer a esta enfermedad". Ella incluso trabajó durante gran parte de sus tratamientos. Mi madre se sometió durante muchos meses a quimioterapia, luego radiación, perdió su cabello, perdió el apetito, pero todavía tenía voluntad de vivir.

¡Finalmente, el médico nos dio la buena noticia de que había vencido al cáncer! ¡Lo había logrado! Estábamos muy orgullosos y agradecidos. Las cosas lentamente comenzaron a volver a la normalidad. Luego, en enero de 1996, todo empeoró. El médico le había dicho que el cáncer de mama no solo había regresado, sino que había vuelto en forma agresiva, al punto que le dijo "solo le quedan algunos meses de vida". Nuevamente, ese sentimiento de absoluta devastación inundó todo mi ser. Ella continuó para vivir y amar todo lo que podía, pero esta horrible enfermedad se la estaba llevando de a poco. Una mañana, el viernes 1 de marzo de 1996 para ser exacto, me desperté para prepararme e ir a la escuela cuando escuché un fuerte ruido en el piso de arriba. Corrí hacia allí para ver qué había pasado, solo para encontrarla tirada en el piso luchando para poder incorporarse. La ayudé a llegar hasta el sofá, le preparé unas tortitas y luego me fui a la escuela.

Esa noche, después de la práctica de natación, esperé que me vinieran a buscar y la espera se hizo inusualmente larga. Yvette, mi hermana mayor, me pasó a buscar, lo que era raro porque ella no era quien me iba a buscar después de natación. Tan pronto como me subí al auto, me dijo que mamá estaba en el hospital. En ese momento, mi corazón se hundió.

Pasamos 2 ½ días en el hospital con ella, observando cómo el cáncer lentamente se llevaba primero su mente y después su cuerpo. A las 2:00 a.m. del 3 de marzo, dió su último aliento. Dejarla allí en el hospital fue una de las cosas más duras que he tenido que hacer en mi vida. Al día siguiente, el 4 de marzo, era mi cumpleaños, por lo que mi familia intentó celebrarlo e intentar llevar aunque sea un poco de luz de regreso a nuestras vidas. Con la pérdida de mi madre, me vi forzado a madurar más rápido de lo normal. A los 16 años, trabajaba muchas horas e intentaba convertirme en un adulto en simultáneo. No sabía cómo enfrentar la oscura realidad en la que estaba sumergido, y comencé a tomar debido a las noches de insomnio reviviendo el peor fin de semana de mi vida una y otra vez. Pasé los siguientes 10 años entrando y saliendo de bandas y bebiendo muchos en forma habitual. A esa altura, no me importaba si no vivía para celebrar mis 30 años. Luego, mi vida cambió nuevamente, pero esta vez, fue un milagro. Mi hija nació cuando yo tenía 26 años y ella fue la razón por la que sabía, quería y necesitaba darle un vuelco a mi vida.

Ingresé en la Revolución de los 60 días y ser seleccionado para seguir un programa de entrenamiento completo con James Grage me motivó completamente. ¡Una oportunidad única en la vida! Bajar de peso y transformar mi estilo de vida en uno saludable, tanto mental como físicamente me convirtieron en un hombre nuevo. Ahora puedo estar orgulloso de mí mismo y saber que mi madre estaría muy orgullosa de mis logros. Saber que es lo que me mantiene motivado y sediento para hacer de mí el mejor hombre y padre que puedo ser.

¡Los verdaderos hombres se visten de rosado!

Para brindar apoyo al Mes de Concientización sobre el Cáncer de Mama, Derek Ettinger y James Grage, fundadores de BPI Sports, donarán $1 a NationalBreastCancer.org cada vez que una persona publique una foto donde esté usando algo de color rosa en el gimnasio, entrenando o haciendo cualquier actividad física Y use los hashtags #LIFTINPINK y #BPISPORTS.