Cuando un devastador accidente automovilístico cambió la vida de James para siempre, su largo y escarpado camino hacia la recuperación le dio una fuerza renovada y un cambio de actitud que aún hoy aprovecha.

Como se vio en el ejemplar del mes de noviembre de Men's Fitness Magazine

"Tenía 24 años," dice James Grage. "En ese momento, vivía en Chico, Ca y manejaba lo que prácticamente era mi última posesión terrenal, un Porsche 911, desde el área de la Bahía hasta San José, para firmar el contrato de un trabajo nuevo. Literalmente tenía mis últimos $10 en mi bolsillo que eran para pagar la gasolina. Eran alrededor de las 8 de la mañana." Para ahorrar tiempo y gasolina, Grage tomó un atajo cruzando el área sobre un camino alternativo que acortaba la distancia en comparación con la carretera interestatal 5, que era más moderna. "Más adelante ví algo. Era un faisán. A medida que me acercaba, toqué bocina y el faisán voló directamente hacia el parabrisas del auto, bloqueando mi visual y casi golpéandolo,"

El faisán tapó la vista de Grage y viró hacia el carril izquierdo para esquivarlo. Y cuando Grage volvió a mirar el camino, se encontró con un gran camión estilo construcción acercándose rápidamente en la dirección opuesta. Volvió a virar hacia el carril derecho, luego coleó nuevamente hacia el carril izquierdo, embistiendo la parte delantera del Porsche contra el costado del camión y haciéndolo girar, por lo que el auto chocó de nuevo pero contra la "carretilla pórtico" que el camión remolcaba, esta vez del lado del pasajero, girando y destrozando el Porsche contra un rollo de fardo destruido. "Creo que salí volando a través del techo corredizo", cuenta Grage. Esa es una teoría verosímil. De acuerdo con el informe de la Patrulla de Caminos de California, el Porsche 1974 de Grage "estaba cortado en tres pedazos, el motor estaba junto al carril en sentido oeste sobre la banquina y el vehículo prácticamente desintegrado." El informe también estableció que la colisión lanzó a Grage en una zanja a 95 pies de distancia. En ese momento, cada aspecto de la vida de James Grage cambió con un doloroso y repugnante golpe seco. La caída lo dejó estupefacto: solo podía mirar a través del telón que formaban el pastizal dorado y la maleza verde hacia el cielo azul de California. Él todavía no podía comprenderlo, pero todo lo que conocía se había terminado y el camino hacia una dolorosa recuperación todavía ni siquiera había comenzado. "Intenté moverme", cuenta. "Pero no podía".

James Grage, hoy con 38 años, es cofundador y vicepresidente de BPI Sports, una compañía de nutrición deportiva de rápido crecimiento que elabora suplementos para mejorar el rendimiento y desarrollar masa muscular, como por ejemplo, el conocido 1.M.R. estándar de preentrenamiento. Es un puesto adecuado para un hombre que se vio forzado a tomar un cuerpo quebrado y magullado y reconstruirlo desde cero. Hoy se ve casi como el físicoculturista de competencia que era la mañana del fatídico accidente. Pero el camino de regreso fue largo. Cuando cayó al suelo ese día de 1999, Grage se había quebrado sus dos fémures (los huesos de la parte superior de la pierna) y el hueso puntiagudo de su fémur izquierdo destrozado había atravesado la piel como una daga. También se había quebrado la pelvis y ambos brazos, además de las costillas y otros huesos. Su brazo izquierdo estaba casi totalmente hecho añicos, él dice que era "como una bolsa de huesos", y los nervios y tendones de su mano derecha estaban dañados. "En realidad, mis piernas estaban dobladas debajo mío, detrás de mi espalda".

Los impactos sucesivos fueron tan grandes que, antes de salir eyectado, el metal roto cortó el cinturón de seguridad que tenía puesto. Ahora Grage está tirado en una zanja, estupefacto y mirando fijo al cielo. Desde detrás del camión, dos vehículos se acercaron y se detuvieron. En uno había una mujer con un teléfono celular que ya estaba llamando al 911, y en el otro había un hombre llamado Paul Lema. Lema se hizo cargo del área del accidente. Él estaba yendo a su trabajo diurno, que consiste en trabajar con niños discapacitados en edad escolar e instintivamente se hizo cargo. Comenzó a mirar todos los destrozos. "Vi al conductor del camión", dijo Lema. "Estaba parada al lado de su camión. Y pensé: ¿adónde está el otro conductor?" Lema comenzó a buscar.

Finalmente, vio a James Grage en la zanja a noventa y cinco pies. "Corrí hacia él", expresó Lema, "y al principio pensé que sus piernas estaban amputadas. Estaba quebrado y sangrando por todos lados. Le pregunté cuál era su nombre y me dijo. Solo le hablaba para intentar mantenerlo calmado. Él estaba en una condición terrible. Y le dije que conocía a un tal Larry Grage en Chico". Grage me dijo: "él es mi abuelo". Entonces Lema le contó que tenía una hija, Carly, quien tenía aproximadamente la misma edad de Grage. "También la conozco a ella", dijo Grage, como si nada. "Ella es la compañera de habitación de mi prometida". Aún así, el panorama era bastante desalentador mientras esperaban la ambulancia. "Solo le seguí hablando, haciéndole preguntas", expresó Lema "Lucía bastante musculoso, pero estaba completamente quebrado. Comencé a aplicar presión a la fractura compuesta en su pierna izquierda para disminuir al sangrado y mientras esperábamos a la ambulancia juntos, seguimos hablando. Él no se quejaba ni nada".

Cuando los paramédicos llegaron en la ambulancia aproximadamente 30 minutos más tarde, todo sucedió a toda marcha. Lema hizo señas a los servicios de emergencia desde la zanja. Llegaron y controlaron los signos vitales de Grage y los traumatismo mientras Lema le hablaba tranquilamente todo el tiempo. "Paul Lema fue realmente un salvador", comenta Grage. "Él estaba tranquilo, tenía una voz reconfortante. Él me distraía". Luego Grage oyó a los paramédicos susurrar. No sabía lo que estaba pasando. "Estaba realmente perdido", dice. "Y de repente comencé a escuchar clic-clic-clic...clic-clic-clic. Era un destornillador de trinquete. Ellos estaban inclinando mi cuerpo sobre un lado con una pequeña manivela cerca de mi entrepierna, y luego sacaron mi pierna que estaba debajo mío.

Ellos comenzaron a jalar más fuerte para enderezarla. Grité y luego me desmayé". Apenas después, a medida que Grage recobraba el conocimiento, comenzó a escuchar los clic-clic-clics nuevamente, "esta vez del otro lado de mi cuerpo". Y después volvió a suceder: la inclinación, el jalón fuerte y la agonía. "Seguía desmayándome del dolor", dice. "Los paramédicos pusieron sus piernas en férulas para estabilizarlas", comenta Lema. "Después lo pusieron en una camilla. Yo seguí aplicando presión sobre la fractura compuesta mientras lo llevábamos hacia la ambulancia". El equipo de la ambulancia, sabiendo que Grage necesitaba ser trasladado a un centro de traumatología principal, condujeron a gran velocidad hacia un lugar donde un helicóptero de evacuación médica había podido descender. Lo subieron al helicóptero y se dirigieron hacia Enloe Medical Center en Chico. Poco después de la llegada de Grage a Enloe, el hospital intentó comunicarse con Kathy Hankins, quien era su novia en ese momento y también vivía en Chico. "Se comunicaron conmigo a mi trabajo, pero era mi día libre, por lo que mis compañeros de trabajo me llamaron a casa", nos cuenta. Hankins fue lo más rápido posible al hospital, pero Grage ya estaba en el quirófano. No hubo noticias en toda la tarde y tampoco entrada la noche.

Lo único que me salvó ante toda esta odisea, dice Grage, fue el cirujano que lo operó inicialmente, William Doherty, Ph.D., M.D. "Antes de convertise en cirujano de traumatología, el doctor Doherty había sido ingeniero," explica Grage. "Él construía puentes y demás. Además, estaba al tanto de técnicas de avanzada para mi nivel de daño físico. Por lo que, realmente, ¿alguien que supiera tanto de ingeniería como de las técnicas más recientes en traumatología? El doctor Doherty era perfecto. Tuve muchísima suerte". Según la evaluación de Doherty, los traumatismos de Grage eran simples y a su vez complejos. "Ninguna de las fracturas eran inusuales", explica Doherty. "¿Pero todas juntas? Y el tenía muchas, muchísimas fracturas. Cada fractura por separado era común, pero al ponerlas todas juntas, la combinación de todas ellas, eso iba a dificultar la recuperación". Entonces Grage y Doherty iniciaron un largo camino de "muchas, muchas cirugías", expresa Grage. "Uno de los grandes problemas fue mi brazo izquierdo, estaba completamente destrozado. Ellos querían amputarlo, pero finalmente decidieron tratarlo con cirugía". Además, tuvieron que coser la gran cantidad de heridas que cubrían su cuerpo y reconectar los nervios y tendones de su mano derecha.

La cirugía duró todo el día. Grage había entrado al quirófano aproximadamente a las 11 a.m. y su novia, Hankins, no supo más nada desde entonces. "Pensé que estaba muerto y todavía no me lo habían dicho" expresó. A las 2 a.m., perdida, asustada y temiendo lo peor, Hankins comenzó a caminar por los pasillos del hospital porque no podía estar sin hacer nada. "Estaba caminado por los pasillos", nos cuenta, "perdida en mis pensamientos cuando de repente este médico me dice "¿buscas a alguien?" "Sí", le respondió Hankins. "A mi novio, James Grage". El médico me señaló una puerta que estaba cerca. "Él está aquí. Ve hacia allí", dijo. "Y ahí estaba él, despierto. Cuando me vió me sonrió, pero estaba tan hinchado que no parecía un ser humano. En la cirugía dejaron la piel de sus piernas sin vendas debido a la hinchazón porque podía derivar en una infección". Para Grage, las cosas no serían tan fáciles durante algún tiempo.

Había otro obstáculo: un problema con la sangre. "Mis huesos estaban tan fracturados que la médula ósea no podía producir suficiente sangre", expresa Grage. Finalmente, mucho dolor y muchas transfusiones de sangre después, Grage fue trasladado desde el centro de traumatología hasta el tercer piso del hospital, donde comenzó a pensar más en concreto sobre su convalecencia. "Cuando finalmente lo pasaron de la cama a una "silla neurológica terapéutica", cuenta Hankins, "tuve que salir de la habitación por los gritos que daba del dolor. James pensó que había quedado paralítico, pero lo único que no se había fracturado eran su espalda y su cuello. "El doctor Doherty comenzó a rehabilitarme", dice Grace. "Él tenía la paciencia". Hace una pausa. "Él quería que yo volviera a caminar". Aún así, el médico era notablemente cauteloso a cada paso. "Él dijo que mi vida, tal como la conocía, estaba prácticamente acabada", manifiesta Grage. "Estuve en el hospital durante seis semanas y, literalmente, mi primer gran trabajo iba a ser finalmente incorporarme en la cama. Me habían explicado que incluso eso no iba a ser fácil".

Para Grage, su estadía en el hospital sería una tortura. Y, como era de esperarse, debido al dolor y a la incertidumbre, se deprimió. "Antes del accidente, James tiene una condición física excelente", manifiesta Hankins. De hecho, recientemente había obtenido el segundo puesto en una competencia de fisicoculturismo en Sacramento. Pero debido al dolor, a la preocupación y a la inactividad, lo que es impredecible, su peso comenzó a desplomarse. "Había estado allí por seis semanas y todavía no podía caminar", dice Grage. "Ellos querían enviarme a un hospital para convalecientes, pero yo no quería eso. Le dije al Dr. Doherty que quería irme a casa. Y me respondió: "¿cómo vas a ir al baño? Ni siquiera puedes caminar". Por lo que, a medida que Grage esperaba que su físico mejorara, hizo un pacto consigo mismo. "Crecí en una casa donde no había excusas, solo motivos", explica, "así que, como siempre, con cualquier problema, cualquier cosa que haga, lo divido en pasos más pequeños, metas más pequeñas. Soy una persona muy enfocada, pero cuando se trata de alcanzar metas me lo tomo con calma. No hablo con nadie sobre eso para intentar obtener su opinión, su apoyo o su aprobación. Siento que cuanto más hablo sobre algo, más me quita el entusiasmo de concretarlo. Es como hacer un agujero en mi tanque de gasolina". De modo que lo decidió: su próximo paso sería caminar de nuevo. "Odio cuando dicen 'no puedo'", cuenta. "Y en este caso, fue casi una racha rebelde. Cuantas más personas, entre ellas médicos y terapeutas, me decías que jamás volvería a caminar, más quería enrostrarles en la cara". Durante su rehabilitación en el hospital, Grage estaba equipado con un andador ortopédico. Fue un verdadero desafío, ya que no podía tener asas ya que su dos brazos estaban enyesados. "Pero mi objetivo", dice Grage, "era caminar desde mi cama hasta el puesto de las enfermeras, que estaba a 75 pies aproximadamente. Daría un paso a la vez. Podía mover más mi pie izquierdo y luego arrastraría el pie derecho. Y finalmente, después de mucho trabajo, pude hacerlo".

Sin embargo, a esta altura el peso de Grage se había desplomado más allá de las 190 libras. "Era piel y huesos", dice. "En resumen, así y todo estaba orgulloso de haber logrado llegar hasta el puesto de las enfermeras. Quería trabajar en pos de ello. Y finalmente lo logré". Pero Grage también se había impuesto un límite de tiempo. Su mejor amigo de la infancia se casaba en unos meses y él era el padrino. Los médicos y un nuevo grupo de fisioterapeutas le dijeron que podría pasar un año antes de que pudiera volver a caminar de nuevo, y que probablemente no pudiera caminar a paso normal. Intentando ser serviciales, le sugirieron usar una silla de ruedas, pero Grage se rehusó. Los médicos y fisioterapeutas no querían darle falsas esperanzas y hablar sobre la posibilidad de una recuperación completa, y le dijeron que caminar con las piernas rectas pero por sí solo era un objetivo razonable. Aún así, Grage estaba listo para ponerse a trabajar pero, con una actitud desafiante, no en una residencia asistida. De modo que, tras algunas charlas entre Grage, sus médicos y Hankins, se acordó que Grage se mudaría a la casa de Hankins. "Algo que no fue fácil", dice ella, "porque teníamos que tener alguien que nos ayudara las 24 horas al día". Luego llegó la ardua tarea de volver a "un estado físico normal" de nuevo. A veces era agónico, ya que las cicatrices y la calcificación debían romperse en los músculos de sus piernas para que él pudiera ganar mayor amplitud de movimiento.

Cada día se volvía una odisea. "Mis rodillas no se flexionaban en lo absoluto", explica Grage. "Y el Dr. Doherty quería una flexión de 90 grados. Así que iba a sesiones de fisiatría todos los días y me acostaba sobre esta mesa con mis piernas rectas colgando del borde. Y la fisioterapeuta torcía la parte inferior de mis piernas para romper la calcificación en mis rodillas para lograr mayor amplitud de movimiento. El dolor era intolerable. Pero finalmente logramos cierta flexión en mis rodillas y él tomó un transportador y midió el ángulo.

Esa fue la primera vez que pensé: puedo hacerlo".

Además se sometió a más cirugías para eliminar las cicatrices y el tejido calcificado, y una ambulancia de traumatología lo llevaba para sus consultas regulares con Doherty. Y a pesar del dolor que llegaba en cuotas diarias gratuitas, Grage lentamente comenzó a mejorar. Pero la odisea comenzaba a afectarlo. Partes de su cuerpo permanecerían enyesadas por más de seis meses y aún no había recuperado mucho peso. "Estaba tan deprimido", dice Hankins. "De solo mirarlo sentado en una silla en mi casa, me ponía increíblemente triste. No sé cómo lo logró. Creo que yo no hubiera podido lograrlo". Aún así, Grage no se detendría. Y su estado físico y de salud siguieron lenta pero notablemente mejorando. "Para comenzar, ayudó mucho que él estaba en excelente forma", dijo Doherty. "Pero además él es un muchacho con mucha mucha motivación. Él no necesitó ningún tipo motivación para recuperar su amplitud de movimiento. He trabajado con muchos pacientes, pero él estaba entre uno de los que menos supervisión necesitaron".

Lentamente, Grage comenzó a ejercitar los músculos que podía en un gimnasio local donde, un año después, se convirtió en un miembro regular. "Todavía usaba el andador ortopédico y tenía ambos brazos enyesados", cuenta. "Comencé con bicicleta fija y ejercicios de elongación. Después de seis meses, estaba de regreso en la sala de pesas. Comencé a esforzarme cada vez más. No iba a quedar satisfecho hasta que volviera al estado físico que tenía antes del accidente". Además de los entrenamientos, realizó una dieta que constaba de cinco a seis comidas pequeñas diarias en vez de tres comidas grandes. "Esto mantuvo elevados mis niveles de energía durante todo el día y nunca me sentí demasiado lleno, hinchado o cansado", manifiesta Grage. Pronto comenzó a sentirse más fuerte y más capaz. También comenzó a tomar suplementos nutricionales. "Para contribuir a la recuperación y volver a desarrollar músculo, tomaba aminoácidos de cadena ramificada, creatina, polvo proteico y el aminoácido l-glutamina", explica Grage. "Este aminoácido en particular es tan bueno para la recuperación que los hospitales lo estaban suministrando a pacientes que habían sufrido quemaduras. El polvo proteico no solo me ayudó a obtener la proteína adicional que necesitaba para volver a desarrollar músculo, sino que también me ayudó a obtener las calorías buenas extra que necesitaba, ya que comer era todo un desafío".

En breve, las pesas y las pilas de peso que Grage levantaba en el gimnasio aumentaban de tamaño. Doherty y los fisioterapeutas manifestaron su asombro ante el rápido progreso que su paciente estaba teniendo. Y James Grage comenzó a sentirse como él mismo otra vez. ¿Qué fue lo que lo ayudó a atravesar el dolor incesante incluso cuando parecía que no había una luz al final del túnel? Grage hace una pausa para pensar en la pregunta. Se hace un largo silencio. Luego, finalmente, dice "creo que la respuesta a esa pregunta es: yo. Toda esa odisea me hizo preguntarme: ¿cuán a menudo tenemos la oportunidad para realmente probarnos a nosotros mismos? Es una buena pregunta. En mi caso, todavía necesitaba explorar más". Los obstáculos hacia la recuperación completa de James Grage siguieron durante meses, pero al menos su regreso a una vida con un estado físico funcional e integral comenzaba a acelerarse. Y si necesitaba pruebas durante un prolongado momento de dolor posterior al accidente o una crisis personal entendible, con una solo llamada podía convocar reunir una pila de fotos de la boda de su amigo. Y en esas fotos, James Grage, quien debía estar muerto después del choque contra un enorme camión basculante y de ser lanzado 95 pies por el aire, es un padrino que está orgulloso de estar de pie solo apoyándose en un bastón.

Hoy, después de sobreponerse a una abrumadora adversidad, Grage prácticamente volvió a vivir la que vida que él conocía antes de ese fatídico día en el norte de California, yendo a toda velocidad por un camino alternativo en su Porsche 911. Está casado, vive en Hollywood Beach, FL y tiene dos hijos. "De hecho, conocí a mi esposa en una conferencia de negocios", dice. Ambos trabajan en la industria del fitness y a Grage se lo puede encontrar habitualmente en el gimnasio local esforzando ese cuerpo alguna vez desgarrado y luego vuelto a desgarrar para volver a estar en excelente forma. Trabaja y se esfuerza de la misma manera en BPI, que este año fue nombrado 2012 Brand of the Year por GNC. La vida es un juego se gana o se pierde por poco, pero no hay retrocesos. Cada logro que realiza hacia su objetivo definitivo, la recuperación total, lo usa para aprovechar los resultados más importantes. En pocas palabra, él no se da por vencido. Para él, simplemente no es una opción.

Pero a pesar de todo el éxito de su regreso, algunos obstáculos físicos continúan obsesionando a Grage después del accidente. "Aún no puedo correr muy bien", dice. "Puedo correr para cruzar la calle delante de un auto que se aproxima, pero todavía no puedo correr largas distancias. Aún así, tengo esperanza y tengo tiempo. Quiero jugar fútbol con mis niños. No tengo miedo de seguir trabajando". Con frecuencia, cuando necesita inspiración, Grage mira un tatuaje que tiene: es el blasón de Zeeland, una provincia de Holanda, que una vez soportó una gran inundación que acabó con la vida de 1 800 personas. También es el lugar de procedencia de algunos de sus familiares. El blasón tiene una inscripción en latín: Lucto et emergo."Significa 'Yo lucho y yo resurjo", cuenta Grage. "Me gusta". Grage habla de otras cosas, como su lucha diaria con el dolor crónico en huesos, articulaciones y músculos que han permanecido obstinadamente desde el accidente. "A veces es demoledor", dice. "Literalmente, mi cuerpo de veras me duele todos los días. Pero considero que el dolor te ayuda a crecer... Realmente he podido darle forma a mi vida más allá de lo que se suponía debía ser mi destino. Y eso se siente muy bien". Hace una nueva pausa, por un largo momento, posiblemente pensando en el largo camino que ha tomado desde el accidente con su auto. "Supongo que no creo demasiado en la suerte", dice. "En lo que a mí concierne, cada uno crea su propia suerte".