entrenamiento de fuerza

"En mi consultorio, no recomiendo la dieta cetogénica clásica, ya que suele haber pérdida de masa muscular en el contexto de la señalización de insulina baja. Recuerda, la insulina es una hormona anabólica muy potente y, ante su ausencia, los tejidos corporales se descomponen o catabolizan, tanto la grasa como la masa muscular. ¡Y los músculos son los tejidos que tanto quieres conservar! ¿Por qué? Aparte de la estética, la masa muscular ofrece resistencia contra enfermedades. Eso es correcto, las personas más fuertes viven más, según una publicación de 2008 de la British Medical Journal. En el grupo de estudio de más de 8500 hombres, la mortalidad por diferentes causas fue significativamente menor en los tercios incrementales de fuerza muscular, incluyendo cáncer, e independiente del entrenamiento cardiovascular. ¿La conclusión? Conserva los músculos a toda costa.

Esta tendencia hace eco en mis pacientes de UCI con lesiones graves en la cabeza. A los individuos musculosos casi siempre les va mejor que a los sin reserva. ¿Reserva? Lo leíste bien. Los músculos sirven como depósitos de proteína desde los cuales los anticuerpos (inmunoglobulina) pueden sintetizarse, lo cual nos permite defendernos contra las bacterias invasivas. Recuerda, las infecciones son la principal causa de mortalidad en la UCI. De modo que, además del "sex-appeal" de los músculos, también ofrecen ventajas tanto metabólicas como de supervivencia.

Por eso mismo, soy reacio a usar una dieta cetogénica clásica en mi práctica. Algunos datos emergentes sugieren que las cetonas ejercen efectos anticatabólicos, en esencia conservan los músculos. Lamentablemente, eso no es lo que he observado en el ámbito médico, en personas reales. Por lo tanto, para moderar la pérdida muscular, mi opción es una "dieta cetogénica modificada" que usa cargas de carbohidratos más altas a diario: 50-100 g. La señalización de insulina, aunque todavía pequeña, inclina la aguja hacia el anabolismo, y aún así permite la lipólisis. ¿Y sabes qué? El entrenamiento de fuerza funciona de una manera similar. Traumatizar electivamente tus músculos (porque eso es realmente el entrenamiento de fuerza, ¿cierto?) causa una respuesta hormonal potente: la hormona del crecimiento y la testosterona principalmente son descargadas al torrente sanguíneo para promover la reparación de los músculos dañados, y la testosterona funciona con un mecanismo similar con la insulina. Para quienes conocen la vía mTOR, esto les debería sonar familiar.

entrenamiento 5x5

¿El resultado? El entrenamiento de fuerza es fundamental para cualquier programa de pérdida de grasa. Recuerda: los músculos son la máquina metabólica del cuerpo. ¡Queman grasa mientras duermes! Así que consérvalos a toda costa estimulándolos. Si optas por una dieta cetogénica clásica, considera seguir un entrenamiento 5×5 clásico en lugar del que incorpora repeticiones más altas. Esto disminuirá la carga en el sistema de energía glucolítica que, en cierto punto, será suministrado inapropiadamente debido al estado inducido de menor cantidad de glucógeno (cetosis). ¡De modo que usa el sistema de fosfocreatina como alternativa!

Para alimentar tu sistema de fosfocreatina (P-Cr) de manera óptima, usa un suplemento de creatina preentrenamiento como BPI Sports Best Creatine™. En los días de resistencia, se aplica el mismo principio: alimenta el sistema de energía entrenado - fosforilación oxidativa (en fibras musculares tipo I). Implementa "ejercicios aeróbicos en ayunas" para acceder profundamente a los depósitos de grasa o utiliza BPI Sports Best Pre Workout™ que no solo proporciona la cafeína que con frecuencia se necesita, sino que también cetonas exógenas, que aumentan la capacidad del cuerpo de utilizar estos productos que descomponen la grasa como fuente de energía.

Mantente esbelto. Entrena duro. ¡Mantente a salvo!"

Dr. Brett Osborn

El Dr. O es el experto en nutrición y entrenamiento del equipo BPI Sports.

Fuente:
Ruiz JR, et al. Association between muscular strength and mortality in men: prospective cohort study. BMJ 2008 de julio de 1; 337:a439.